Cartas del director

Pentecostés 2000

Queridos hermanos a quienes el Señor ha querido llamar a compartir la experiencia de la Ciudad de Dios - Civitas Dei-.
No puedo dejar pasar esta fecha tan singular para la Iglesia y como no, para nosotros, sin mandar un breve pero sincero mensaje días antes de que llegue a vuestras manos el primer boletín interno.

Pentecostés nos invita a permanecer unidos y unidos entre todos, y con María, aquella a quien recordamos tan especialmente en este año 2000, desde que el Papa nos invita a contemplar la Encarnación de Jesús, María.
María nuestra madre común, la madre de Jesús,….la madre del Amor hermoso.

Pentecostés nos lleva una vez más a hacer la experiencia de Jesús, nos invita a tener los mimos sentimientos de Jesús en primer lugar sobre nosotros mismo, a mirarnos como Él nos mira, a reconocer nuestro pecado y aumentar así el ansia de sincera conversión, empujándonos con su testimonio de amor a estar menos cerrados a la Gracia del Padre y a los demás. La mirada de Jesús nos reconcilia como a Pedro aunque nos consideremos traidores y nos hace valientes y osados para asumir las responsabilidades inherentes a testigos vivos del Amor de Dios.

Los miembros de Civitas Dei somos diversos en edades y estados de vida, en formación humana y actividad laboral; pero unidos en un solo corazón y una sola alma, teniendo por encima de todo una vocación: la de ser santos como nuestro Dios y Padre es santo. Por experiencia sabemos que no podemos vivir con estrecheces de miras, ni con falsas humildades. La mirada de Jesús, aquella que salvo a Pedro, llena de luz y esperanza, libera de los prejuicios y se arraiga en la vida con el Don del Amor que se multiplica y difunde a través de los diversos dones y carismas con que nos unge el Espíritu Santo para el bien común.

Yo siempre he dicho que el Espíritu Santo podría compararse con un avión y que para aterrizar necesita un aeropuerto humano,…….yo se que me habéis oído decir esto más de una vez, lo que con ello quiero decir, es que ante Dios no hay que esconder las dificultades y dolores de la vida. El se encargará de darles su más pleno sentido, a las dificultades, a los dolores y a la vida misma. El se hace luz en las más fuertes tinieblas y necesidades de los hombres y nos invita a mirar con la mirada de Jesús y a amar con los sentimientos de Jesús. Así hemos de hacer personal y comunitariamente - en cristiano -, el camino en la vida.

Estamos llamados a ayudarnos a caminar por la vida de la dignidad de los hijos de Dios en medio de una sociedad humana concreta, la de nuestro lugar de familia, de trabajo… donde el Señor nos haya puesto para Su gloria y el bien de los hermanos…donde y a través de lo que Él permita para nuestra santificación, y hemos de hacerlo con la confianza puesta en la obra del Espíritu Santo que se ha tejiendo poco a poco pero sólidamente en nuestras mentes y corazones y como en los nuestros en los de todos los miembros de la Iglesia en toda su amplitud de variedad de carismas y vocaciones.

¡Que maravilla contemplar el abanico de Civitas Dei! …que variedad de culturas y mentalidades… y unidos en una sola fe!. Juntos confesamos que solo Jesús es el Señor, y con El queremos mirar hacia el mundo entero a través de las Iglesias particulares en las que estamos encarnando nuestras más intimas realidades. Desde cada uno de nuestros sitios cada vez más hemos de mirar, admirar y amar a la Iglesia, enriqueciéndonos mutuamente con la diversidad de apostolados, tradiciones, magisterios episcopales, etc.

De una manera especial, en este Pentecostés Jubilar unámonos a los hermanos que de una u otra forma sufren más de cerca la pobreza y laviolencia y oremos para que nuestras pequeñas fraternidades guiadas por el Santo Espíritu de Dios sean instrumentos de paz y concordia, gestos de misericordia y benevolencia en la lucha constante contra la agresión y la injusticia, y no regateemos esfuerzos para que Jesús Buen Pastor nos convierta cada vez más en apóstoles de una auténtica humanizaron y portadores de respeto y caridad cristiana.

Que la línea maestra de nuestra experiencia fraterna de fe, esperanza y caridad sea siempre el Evangelio. Y que este, iluminado por el Espíritu Santo nos lleve a la Verdad plena haciéndonos así auténticamente libres.

Que seamos siempre ante Dios, hijos agradecidos, y que unidos a pesar de las distancias físicas en la celebración de Pentecostés, roguemos al Espíritu que actúe en nosotros y mediante nosotros para la construcción del Reino.

P. Joaquín Climent Abad
Director

 

 

 

 

 

Epifanía 2001

Queridos hermanos al acercarse la solemnidad de la Epifanía, os invito a que leamos un fragmento del capitulo 2 del evangelio según San Lucas:

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente… Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.

Los magos (reyes) de Oriente, de bien lejos, extranjeros, nos enseñan a buscar a Jesús y como tratarlo...oro incienso y mirra, de sus arquetas, de aquello que se podría decir que "era suyo" y en un viaje tan largo, bien seguro que era algo bien importante y necesario son obsequiados en actitud de profunda y por tanto de seria adoración. Única actitud digna y cabal de un creyente delante de su Dios.

Adoración, nos dice el catecismo de la Iglesia Católica, "es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura delante de su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha creado y de la Omnipotencia del Salvador que nos libera del mal. Es la postración del espíritu delante del "Rey de gloria" (Sl. 24,9-10) y el silencio respetuoso delante de Dios "cada vez más grande" (S. Agustín). La adoración al Dios tres veces santo y soberanamente amable confunde de humildad y da seguridad a nuestras súplicas." [2628]

Como los magos, debemos salir de lo nuestro, de lo que creemos nuestro lugar e ir a buscar a Jesús donde se halle para manifestarse Señor y Salvador, ciertamente, Él está presente siempre y en cualquier lugar pero no siempre se manifiesta con el mismo poder y gloria… en Belén, entre mulas y bueyes, pajas y necesidades era bien difícil descubrir la gloria de Dios. Por esto, nuestra vida es itinerante y peregrina. Como los magos hemos de ofrecer y dar de lo nuestro donde la Palabra de Dios y su Santo Espíritu, luz que brilla en las tinieblas, de nos guíe, aunque no sea donde ni como estaba presupuestado por nuestro criterio y calculo personal.

Como los magos no podemos regatear esfuerzos ni cansancio en la búsqueda de la Verdad y como los magos no podemos ceder a las primeras intrigas, que como Herodes con los magos intentan cambiar los planes de Dios para con nosotros y a través nuestro para los demás.

Quizás el camino sea largo y difícil, quizás seamos pocos los que nos unamos para ayudarnos y poderlo hacer mejor, quizás debamos rectificar la marcha, … pero ahí esta Jesús que nos espera y delante de nosotros muchas estrellas titilan señalando el camino de la vida y del amor.

Demos gracias a Dios que confía en nosotros para ser estrella que ilumine y acompañe hasta Jesús a muchos hermanos y por los hermanos que pone delante nuestro como estrellas a quien acompañar en su caminar y así encontrar cada vez más al Rey y Señor, al Mesías y Salvador.

Si no se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, tampoco podemos celebrar un año más la Epifanía sin ser de corazón, generosa y libremente, luz del mundo en el nombre de Jesús.

Abramos nuestras arquetas y ofrezcamos a Dios y a los hombres nuestro incienso, nuestro oro y nuestra mirra que no son mas que los dones y gracias que El nos da para todos y cada uno de ellos, parra común utilidad y así colaborar a la extensión del Reino, con el fortalecimiento de la Iglesia

P. Joaquín Climent Abad
Director

 

 

 

 

Pascua 2001

Queridos hermanos, ¡qué la luz de la Pascua y la esperanza en la Resurrección ilumine nuestra vida!
De verdad que será así si estamos convencidos de que hemos muerto con Cristo y con Él morimos siempre que sea necesario. Esto no es más que hacer lo mejor para nosotros mismos. Con Pablo todos y cada uno de nosotros puede decir "Sé bien de quien me he fiado... sé bien de quien me fío hoy, aquí y ahora" y acojamos con el Apóstol lo que este se pregunta y nos pregunta en la Carta a los cristianos de Roma: ¿Si Dios está con nosotros, a quien tendremos en contra?.
Esto, mis queridos hermanos es un animo sin igual. ¿O es que no nos basta saber que Dios esta a nuestro favor?.
Y con Él la vida en toda su plenitud... la VIDA, Cristo con nosotros,... el Dios con nosotros esperado en Adviento y a quien acogimos en Navidad se ha hecho realidad y nos invita a compartir su misma experiencia, la experiencia de entregarnos sin limites en manos del Padre para vivir igualmente sin limites la realidad de ser hijos de Dios.
Hermanos, ¡no busquemos más al Vivo entre los muertos!...Jesús mismo nos propone en el Evangelio dejar que los muertos entierren a sus muertos y a que no perdiendo tiempo ni posibilidades vivamos y anunciemos el Reino de Dios.
Debemos ser portadores de la Luz de Cristo vivo que sin coordenadas de tiempo ni espacio ilumina las tinieblas mas profundas y oscuras de los corazones de los hombres y por tanto del corazón de la sociedad... Hemos de construid la Ciudad de Dios a impulsos del Espíritu Santo, que es quien nos lleva a la Verdad completa, a la máxima experiencia del Amor de Dios, que se nos da como Don para compartir con todos los demás.
Animo pues, la tarea ya esta anunciada, y faltan obreros en la mies que den la vida por amor..
Os deseo una santa experiencia Pascual de cambio y renovación, sin olvidar jamás que quien pone la mano en el arado no debe mirar hacia atrás.
¡Cristo ha resucitado ALELUYA!

Fraternalmente

P. Joaquín Climent Abad
Director

 

 

A modo de saludo

De nuevo Navidad. La alegría y la esperanza que inundan nuestros corazones no pueden manifestarse solo a través de luces, colores, músicas y regalos, comidas familiares y buenos y esporádicos gestos de caridad. Ello sería reducir a la simplicidad ridícula la celebración del nacimiento de Jesús.
Dios esta con nosotros de una manera clara e inteligible desde la primera Navidad, cuando Jesús, Dios hecho hombre, vio la luz de las estrellas en la sonrisa amorosa de Maria y el abrazo protector de José; en los ojos expectantes de los pastores y en el gozo no por cansado menos entusiasta de los magos de oriente.
Desde aquel nacimiento en Belén, todos los hombres y mujeres de fe, podemos decir con el evangelista San Juan: "... de lo que hemos oído, visto y tocado de la Palabra de vida os damos testimonio".
Navidad es una clara invitación a ser testigos de la verdad, y solo respondiendo adecuadamente podremos manifestar ante todos que la Luz ha llegado al mundo destruyendo las tinieblas de la cobardía, la mediocridad y el individualismo, sembrando entre muchas más cosas necesarias para el corazón humano la paz, la autenticidad y la fraternidad.
Navidad es Don que se nos da para el bien de todos, para ser compartido sencilla y humildemente desde el amor. Solo así será Noche Buena seguida de un día sin fin aún mucho mejor, donde nuestra alegría sea completa en la unidad de una misma fe, esperanza y amor.

P. Joaquín Climent Abad
Director

 

 

 

En estos días en que la autoridad de los obispos parece estar puesta en tela de juicio por determinados sectores de la Iglesia, me ha hecho pensar mucho la nota al pie de una foto de la ceremonia de posesión del nuevo Obispo de Gerona publicada en el núm. 1.163 de Cataluña Cristiana del pasado 3 de enero y en la que se lee": el Obispo... recibió muestras de obediencia y respeto..." Esto unido a lo que estos días he oído y leído sobre el trato dado por ciertas personas al episcopado, me ha llevado a recordar lo estudiado y asimilado como vivencia personal por ser vivencia eclesial sobre la fe de los primeros cristianos respecto al ministerio episcopal.
Para ello, acudo al testimonio de uno de los grandes padres, pastores y mártires: San Ignacio de Antioquia. De San Ignacio se dice que fue ordenado para el episcopado por los apóstoles (San Juan Crisóstomo Hom. in St. Ig.", IV. 587) y que incluso fue destinado a Antioquía por San Pedro (Teodoreto de Ciro "Dial. Immutab.", I, iv, 33a), sustituyendo a Evodio (Eusebio, "Hist. Eccl.", II, iii, 22).
Junto con San Policarpo de Esmirna fue, casi con total seguridad, uno de los testigos directos de la predicación de San Juan. Su testimonio es valios�simo para entender el per�odo posterior a la era apost�lica. Al ser uno de los l�deres cristianos m�s amados por toda la Iglesia de aquel tiempo, sus palabras fueron acogidas con respeto y devoci�n por todos, y fueron pasando a formar parte de nuestra tradici�n cat�lica. Pues bien, esto es lo que ense�� San Ignacio acerca del papel de los obispos, del presbiterio, los di�conos y el resto del Pueblo de Dios:

A los Efesios:
IV. ...Es apropiado que and�is en armon�a con la mente del obispo; lo cual ya lo hac�is. Porque vuestro honorable presbiterio, que es digno de Dios, est� a tono con el obispo, como si fueran las cuerdas de una lira. Por tanto os es provechoso estar en unidad intachable, a fin de que pod�is ser part�cipes de Dios siempre. V... Os felicito de que est�is �ntimamente unidos a �l, - al obispo- como la Iglesia lo est� con Jesucristo y como Jesucristo lo est� con el Padre, para que todas las cosas puedan estar armonizadas en unidad. VI. Y en proporci�n al hecho de que un hombre vea que su obispo permanece en silencio, debe reverenciarle a�n m�s. Porque a todo aquel a quien el Amo de la casa env�a para ser mayordomo de ella, debe recib�rsele como si fuera el que le envi�. Simplemente, pues, deber�amos considerar al obispo como al Se�or mismo.

A los Magnesianos
III.
Os corresponde a vosotros tambi�n no tomaros libertades por la juventud de vuestro obispo, sino, seg�n el poder de Dios el Padre, rendirle toda reverencia, tal como he sabido que los santos presb�teros tampoco se han aprovechado de la evidente condici�n de su juventud, sino que le han tenido deferencia como prudente en Dios; no ya a �l, sino al Padre de Jesucristo, a saber, el Obispo de todos. IV. Por tanto, es apropiado que no s�lo seamos llamados cristianos, sino que lo seamos; tal como algunos tienen el nombre del obispo en sus labios, pero en todo obran aparte del mismo. Estos me parece que no tienen una buena conciencia, por cuanto no se congregan debidamente seg�n el mandamiento. VII. Por tanto, tal como el Se�or no hizo nada sin el Padre, [estando unido con �l], sea por s� mismo o por medio de los ap�stoles, no hag�is nada vosotros, tampoco, sin el obispo y los presb�teros. XIII. Que vuestra diligencia sea, pues, confirmada en las ordenanzas del Se�or y de los ap�stoles.

A los Filadelfianos
VIII.
Donde hay divisi�n e ira, all� no reside Dios. Ahora bien, el Se�or perdona a todos los hombres cuando se arrepienten, si al arrepentirse regresan a la unidad de Dios y al concilio del obispo.

A los Esmirneanos
VIII.
Pero evitad las divisiones, como el comienzo de los males. Seguid todos a vuestro obispo, como Jesucristo sigui� al Padre, y al presbiterio como los ap�stoles; y respetad a los di�conos, como el mandamiento de Dios. Que nadie haga nada perteneciente a la Iglesia al margen del obispo.
IX. Es bueno reconocer a Dios y al obispo".

Bien, pues esa era la fe de la Iglesia a finales del siglo I y principios del II. As� hab�a de organizarse cada iglesia particular, seg�n la ense�anza de alguien que recibi� la verdad evang�lica de boca de los ap�stoles. De lo que se puede deducir que quien se ensa�a, en nombre de una falsa libertad y un falso progreso, contra el obispo est� minando gravemente los cimientos de la unidad y porque no, en consecuencia, de la fe cat�lica.

El propio San Ignacio aconseja en una carta a otro obispo, San Policarpo de Esmirna:
"Reivindica tu cargo con toda diligencia de carne y de esp�ritu. Procura que haya uni�n, pues no hay nada mejor que ella. Soporta a todos, como el Se�or te soporta. Tol�ralo todo con amor, tal como haces. Entr�gate a oraciones incesantes. Pide mayor sabidur�a de la que ya tienes. S� vigilante, y evita que tu esp�ritu se adormile. Habla a cada hombre seg�n la manera de Dios. Sobrelleva las dolencias de todos, como un atleta perfecto. All� donde hay m�s labor, hay mucha ganancia. II..... M�s bien somete a los m�s impertinentes por medio de la mansedumbre. No todas las heridas son sanadas por el mismo ung�ento. S� prudente como la serpiente en todas las cosas e inocente siempre como la paloma... S� sobrio, como atleta de Dios. III. No te desmayes por los que parecen ser dignos de cr�dito y, pese a todo, ense�an doctrina extra�a. Mantente firme como un yunque cuando lo golpean. A un gran atleta le corresponde recibir golpes y triunfar. Pero por amor de Dios hemos de soportar todas las cosas, para que �l nos soporte a nosotros".

Espero que estos textos puedan ayudar a más de una persona, como a m�, a ver las cosas quiz�s con m�s objetividad y claridad.

Joaquín Climent Abad
presbítero