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Y tú serás llamado Cefas
Escrito por Luis Fernando Pérez (CiDe)

 

Nunca podrá entenderse la importancia de la figura del Obispo de Roma, sucesor del apóstol Pedro, sin previamente entender quién fue aquel hombre llamado Simón, hijo de Jonás, y cuál fue el papel que nuestro Señor Jesucristo quiso que desempeñara en su Iglesia. En el evangelio de Juan leemos cómo transcurrió el primer encuentro entre Jesús y Simón:

Jn 1,40-42
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).

A simple vista nadie diría que aquellas primeras palabras de Jesús a Pedro tuvieran más importancia que la de establecer una mera toma de contacto entre ambos pero, sin duda, en ellas nos encontramos con un elemento esencial para saber quién fue el apóstol. Efectivamente, Cristo anuncia a Simón que tendrá un nuevo nombre por el que será conocido: Cefas (Pedro). ¿Porqué dicho cambio?. En el Antiguo Testamento quizás encontremos la respuesta:

Gen 17,3-5
Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.

Gen 32,27-28
Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Gen 35, 10-12
Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel. También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos. La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia después de ti daré la tierra.

Cada vez que Dios cambia el nombre de alguien, lo hace por un motivo muy concreto. Al establecer el pacto con Abram, que significa “padre enaltecido”, le renombra como Abraham, que significa “padre de una multitud numerosa”. Dicho cambio de nombre está totalmente relacionado con el propio pacto que Dios establece con el patriarca. Igual ocurre con Jacob, a quien un personaje misterioso con el que había luchado le advierte que su nombre pasará a ser el de Israel, que significa “Dios lucha” o “él lucha con Dios”, lo cual queda confirmado por el propio Señor en el momento en que confirma en él el pacto que ya había hecho antes con su abuelo Abraham.
Existen otros ejemplos veterotestamentarios en los que podemos comprobar que el nombre de una persona podía estar íntimamente relacionado con alguna circunstancia de su vida. No en vano, cuando el ángel del Señor anuncia a José que el fruto del vientre de María es engendrado por el Espíritu Santo, al mismo tiempo le dice que el niño debía de llamarse Jesús, que significa Yavé salva, porque dicho nombre definía perfectamente la misión del Señor que había de nacer del seno de la Virgen María.
Con todos estos antecedentes, no podemos ignorar el hecho de que Jesús, al darle un nuevo nombre a Simón la primera vez que se encuentra con él, está mostrando una cualidad esencial del propio Simón.

Pero más que hablar nosotros, dejemos que sea el propio Señor el que nos diga quién es Pedro y cuáles son los elementos distintivos de su ministerio.
Analicemos versículo por versículo Mateo 16,13-20:
13-14 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
Jesús sabía que había multitud de especulaciones acerca de su identidad, realidad que era igualmente conocida por sus discípulos. En medio de tanta confusión, el Señor les hace una pregunta muy interesante:
15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Notemos que no les pregunta “¿quién soy yo?”, sino “¿quiénes decís que soy yo?”. No siempre lo que creemos acerca de alguien coincide con lo que es realmente ese alguien. Y tanto más es así cuando ese alguien es el propio Dios.
Hoy estamos en una situación similar a la de aquellos tiempos. Los hombres especulan mucho acerca de la verdadera identidad de Cristo. Unos dicen que es sólo un buen maestro. Otros que un iluminado que fracasó. Aquellos creen que fue un gurú palestino. Los de más allá opinan que fue un extraterrestre. Y muchos directamente le ignoran. Pero, de nuevo, lo verdaderamente importante es que nosotros, los que somos sus discípulos, podamos responder a la pregunta “¿quién decís que soy yo?”. El que aquellos que no conocen de verdad a Cristo se equivoquen sobre su verdadera identidad es hasta cierto punto normal. Pero nosotros no podemos equivocarnos. Pedro no se equivocó.
17 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Punto y final a todas las especulaciones. Jesús es el Mesías, el Hijo del Dios viviente. Pedro lo ha dicho, el caso está cerrado. Pedro habla en nombre de todos ya que a todos era dirigida la pregunta. En Pedro está la respuesta de la Iglesia a la pregunta más importante que Jesús pueda hacer. La pregunta sobre su verdadera identidad.
¿De dónde sacó Pedro su respuesta? ¿de su capacidad intelectual? ¿de su potencial humano para entender la verdad sobre Jesús?. No, sino más bien:
18 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Simón supo, y la Iglesia con él, quién es Jesús por revelación directa de Dios Padre. No le fue revelado por otros hombres, sino por Dios.
Ya sabemos quién es Jesús. Es Jesús el Mesías, es decir, Jesucristo (Mesías = Cristo).
Ahora escuchemos bien quién es verdaderamente ese tal Simón, hijo de Jonás:
19 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
Pensemos por un momento en el contexto en que el Señor dice esas palabras. Simón acaba de declarar quién es Jesús. Y toca ahora que Jesús nos diga quién es el apóstol. Ya no le llama Simón sino Pedro. Simón le había dicho a Jesús “tú eres Cristo” y Cristo le responde a Simón “y tú eres Pedro”. Ni podemos separar el nombre Cristo, y lo que significa, de Jesús, ni podemos separar el nombre de Pedro, y lo que significa, de la persona de Simón. Jesús el Mesías y Simón la piedra. Y es justo en ese contexto en el que Cristo dice “y sobre esta roca (piedra) edificaré mi Iglesia”. ¿Quién es el Cristo? Jesús; Jesucristo. ¿Quién es la roca o piedra sobre la que Jesús edifica su Iglesia? ¿a quién se le da el nombre de piedra? A Simón; Pedro.
Mucho, demasiado, se ha especulado sobre si la roca es el propio Pedro o es su declaración sobre Cristo. Pero en el contexto vemos que se está hablando de personas, no de ideas. Se trata de saber quién es Jesús y de saber quién dice Jesús que Simón es. Y una vez establecido quién es Jesús y quién es Pedro, Jesús edifica su Iglesia. Y ni la Iglesia se edifica sin la verdad acerca de Cristo, declarada por Pedro, ni la Iglesia se edifica sin la verdad acerca de Pedro, declarada por Cristo. Y es esa Iglesia, la verdadera, la que conoce y confiesa quién es Cristo y quién es Pedro, aquella sobre quien no prevalecerán las puertas del Hades.

La Iglesia e Internet

Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales

ÍNDICE

I. Introducción

II. Oportunidades y desafíos

III. Recomendaciones y conclusión

I. INTRODUCCIÓN

1. El interés de la Iglesia por Internet es una expresión particular de su antiguo interés por los medios de comunicación social. Considerándolos como un resultado del proceso histórico científico por el que la humanidad " avanza cada vez más en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado ",1 la Iglesia ha declarado a menudo su convicción de que los medios de comunicación son, como dice el Vaticano II, " maravillosos inventos de la técnica ",2 que ya hacen mucho para afrontar las necesidades humanas y pueden hacer aún mucho más.

Así, la Iglesia ha tenido un enfoque fundamentalmente positivo de los medios de comunicación.3 Los documentos del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, aun condenando abusos serios, se han preocupado por aclarar que " una actitud de pura restricción o de censura por parte de la Iglesia (...) ni es suficiente ni apropiada ".4

Citando la carta encíclica Miranda prorsus del Papa Pío XII, del año 1957, la instrucción pastoral sobre los Medios de Comunicación Social Communio et progressio, publicada en 1971, subrayó este punto: " La Iglesia los ve como 'dones de Dios´, ya que, según designio de la divina Providencia, unen fraternalmente a los hombres para que colaboren así con su voluntad salvífica ".5 Esta sigue siendo nuestra opinión, y es la misma opinión que tenemos de Internet.

2. Desde el punto de vista de la Iglesia, la historia de la comunicación humana es como un largo viaje, que lleva a la humanidad " desde el orgulloso proyecto de Babel y la caída en la confusión e incomprensión mutua que produjo (cf. Gn 11, 1-9), hasta Pentecostés y el don de lenguas: una restauración de la comunicación, centrada en Jesús, bajo la acción del Espíritu Santo ".6 En la vida, muerte y resurrección de Cristo, el fundamento último y el primer modelo de la " comunicación entre los hombres lo encontramos en Dios que se ha hecho hombre y hermano ".7

Los medios modernos de comunicación social son una parte importante de esta historia. Como dice el Concilio Vaticano II " aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios ".8 Viendo a esta luz los medios de comunicación social, descubrimos que " contribuyen eficazmente a descansar y cultivar el espíritu y a propagar y fortalecer el reino de Dios ".9

Hoy esto se aplica de modo especial a Internet, que está contribuyendo a realizar cambios revolucionarios en el comercio, la educación, la política, el periodismo, las relaciones entre las naciones y entre las culturas, cambios no sólo en el modo como la gente se comunica, sino también en el modo como comprende su vida. Discutimos la dimensión ética de estos temas en otro documento sobre cuestiones análogas.10 Aquí consideramos las implicaciones que tiene Internet para la religión y especialmente para la Iglesia católica.

3. La Iglesia tiene un doble objetivo con respecto a los medios de comunicación. Uno de ellos consiste en fomentar su correcto desarrollo y uso con vistas al progreso humano, la justicia y la paz, para la construcción de la sociedad en los ámbitos local, nacional y comunitario a la luz del bien común y con espíritu de solidaridad. Al considerar la gran importancia de las comunicaciones sociales, la Iglesia " desea poder entablar un diálogo honrado y respetuoso con los responsables de los medios de comunicación ",11 un diálogo que atañe principalmente a la programación de dichos medios. " Este diálogo implica que la Iglesia se esfuerce en comprender los medios de comunicación -sus objetivos, sus estructuras internas y sus modalidades- y que sostenga y anime a los que trabajan en ellos. Basándose en esta comprensión y este apoyo, se pueden hacer propuestas significativas con vistas a la eliminación de los obstáculos que se oponen al progreso humano y a la proclamación del Evangelio ".12

Pero la preocupación de la Iglesia también se refiere a la comunicación en y por la Iglesia misma. Esta comunicación es más que un ejercicio de técnica, pues " se basa en la comunicación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y en su comunicación con nosotros "; y la realización de esta comunicación trinitaria " llega hasta la humanidad: el Hijo es la Palabra, pronunciada eternamente por el Padre; y en Jesucristo y por Jesucristo, Hijo y Palabra hecha carne, Dios se comunica a sí mismo y comunica su salvación a los hombres y mujeres ".13

Dios sigue comunicándose con la humanidad a través de la Iglesia, portadora y depositaria de su revelación, a cuyo ministerio de enseñanza viva ha confiado la tarea de interpretar de modo auténtico su palabra14. Además, la Iglesia misma es communio, una comunión de personas y comunidades eucarísticas que nacen de la comunión de la Trinidad y se reflejan en ella;15 por tanto, la comunicación es la esencia de la Iglesia. Por esta razón, más que por cualquier otra, " el ejercicio de la comunicación por parte de la Iglesia debería ser ejemplar, reflejando los elevados modelos de verdad, responsabilidad y sensibilidad con respecto a los derechos humanos, así como otros importantes principios y normas ".16

4. Hace tres décadas la Communio et progressio señalaba que " los medios modernos de comunicación ofrecen nuevos instrumentos para que la gente se confronte con el mensaje del Evangelio ".17 El Papa Pablo VI afirmó que la Iglesia " se sentiría culpable ante Dios ", si dejara de usar los medios de comunicación para la evangelización.18 El Papa Juan Pablo II definió los medios de comunicación como " el primer areópago de la edad moderna ", y declaró que " no basta usarlos para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio auténtico de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta 'nueva cultura´ creada por la comunicación moderna ".19 Hacer esto es muy importante hoy en día, no sólo porque los medios de comunicación ejercen una fuerte influencia en lo que la gente piensa sobre la vida, sino también porque en gran parte " la experiencia humana como tal ha llegado a ser una experiencia de los medios de comunicación ".20

Todo esto se aplica a Internet. Y aunque el mundo de las comunicaciones sociales " puede dar la impresión de oponerse al mensaje cristiano, también ofrece oportunidades únicas para proclamar la verdad salvífica de Cristo a la entera familia humana. (...) Pensemos (...) en las grandes posibilidades que brinda Internet para difundir información y enseñanza de carácter religioso, superando obstáculos y fronteras. Los que han predicado el Evangelio antes que nosotros jamás hubieran podido imaginar una audiencia tan vasta. (...) Los católicos no deberían tener miedo de abrir las puertas de los medios de comunicación social a Cristo, para que la buena nueva pueda ser oída desde las azoteas del mundo ".21

II. OPORTUNIDADES Y DESAFÍOS

5. " Las comunicaciones que se hacen en la Iglesia y por la Iglesia consisten esencialmente en el anuncio de la buena nueva de Jesucristo. Es la proclamación del Evangelio como palabra profética y liberadora dirigida a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo; es el testimonio dado de la verdad divina y el destino trascendente de la persona humana, frente a una secularización radical; es ponerse de parte de la justicia, en solidaridad con todos los creyentes, al servicio de la comunión de los pueblos, las naciones y las culturas, frente a los conflictos y las divisiones ".22

Dado que anunciar la buena nueva a la gente formada por una cultura de los medios de comunicación requiere considerar atentamente las características especiales de los medios mismos, la Iglesia necesita ahora comprender Internet. Esto es preciso para comunicarse eficazmente con la gente, de manera especial con los jóvenes, que están sumergidos en la experiencia de esta nueva tecnología, y también para usarla bien.

Los medios de comunicación ofrecen importantes beneficios y ventajas desde una perspectiva religiosa: " Transmiten noticias e información de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito religioso, y sirven como vehículos para la evangelización y la catequesis. Diariamente proporcionan inspiración, aliento y oportunidades de participar en funciones litúrgicas a personas obligadas a permanecer en sus hogares o en instituciones ".23 Además de estos beneficios, hay otros que son peculiares de Internet. Esta proporciona al público un acceso directo e inmediato a importantes recursos religiosos y espirituales: grandes bibliotecas, museos y lugares de culto, documentos del Magisterio, y escritos de los Padres y Doctores de la Iglesia, y la sabiduría religiosa de todos los tiempos. Posee una notable capacidad de superar las distancias y el aislamiento, poniendo en contacto a personas animadas por sentimientos de buena voluntad que participan en comunidades virtuales de fe para alentarse y apoyarse recíprocamente. La Iglesia puede prestar un servicio importante tanto a los católicos como a los no católicos mediante la selección y la transmisión de datos útiles en este medio.

Internet es importante para muchas actividades y programas de la Iglesia: la evangelización, que incluye tanto la re-evangelización como la nueva evangelización y la tradicional labor misionera ad gentes; la catequesis y otros tipos de educación; las noticias y la información; la apologética, el gobierno y la administración; y algunas formas de asesoría pastoral y dirección espiritual. Aunque la realidad virtual del ciberespacio no puede sustituir a la comunidad real e interpersonal o a la realidad encarnada de los sacramentos y la liturgia, o la proclamación inmediata y directa del Evangelio, puede complementarlas, atraer a la gente hacia una experiencia más plena de la vida de fe y enriquecer la vida religiosa de los usuarios, a la vez que les brinda sus experiencias religiosas. También proporciona a la Iglesia medios para comunicarse con grupos particulares -jóvenes y adultos, ancianos e impedidos, personas que viven en zonas remotas, miembros de otras comunidades religiosas- a los que de otra manera difícilmente podría llegar.

Un número creciente de parroquias, diócesis, congregaciones religiosas, instituciones relacionadas con la Iglesia, programas y todo tipo de organizaciones hacen ahora uso efectivo de Internet con estas y otras finalidades. En algunos lugares, tanto a nivel nacional como regional, han existido proyectos creativos patrocinados por la Iglesia. La Santa Sede ha estado activa en esta área durante muchos años, y sigue difundiendo y desarrollado su presencia en Internet. A los grupos vinculados a la Iglesia que todavía no han dado este paso se les anima a considerar la posibilidad de hacerlo cuanto antes. Recomendamos encarecidamente el intercambio de ideas e información sobre Internet entre quienes ya tienen experiencia en este campo y quienes son principiantes.

6. La Iglesia también necesita comprender y usar Internet como un medio de comunicaciones internas. Esto requiere tener claramente en cuenta su carácter especial de medio directo, inmediato, interactivo y participativo.

El doble canal de interactividad de Internet ya está borrando la antigua distinción entre quienes comunican y quienes reciben lo que se comunica,24 y está creando una situación en la que, al menos potencialmente, todos pueden hacer ambas cosas. Esta no es la comunicación del pasado en una única dirección, de arriba a abajo. A medida que la gente se familiarice con esta característica de Internet en otros ámbitos de su vida, se puede esperar que lo utilice también por lo que respecta a la religión y a la Iglesia.

La tecnología es nueva, pero los criterios no. El Concilio Vaticano II afirmó que los miembros de la Iglesia deberían manifestar a sus pastores " sus necesidades y deseos con la libertad y confianza que deben tener los hijos de Dios y hermanos en Cristo "; de hecho, de acuerdo con su conocimiento, competencia o posición, los fieles " tienen el derecho, e incluso algunas veces el deber, de expresar sus opiniones sobre lo que se refiere al bien de la Iglesia ".25 La Communio et progressio subrayó que, como " cuerpo vivo ", la Iglesia " necesita el intercambio de las legítimas opiniones de sus miembros ".26 Aun cuando las verdades de fe " no dejan espacio a interpretaciones arbitrarias ", la constitución pastoral observa que existe " una enorme área donde los miembros de la Iglesia pueden expresar sus puntos de vista ".27

Ideas similares se expresan en el Código de derecho canónico,28 así como en los documentos más recientes del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.29 La Aetatis novae define la comunicación de dos direcciones y la opinión pública como " una forma concreta de llevar a la práctica el carácter de communio de la Iglesia ".30 Ética en las comunicaciones sociales afirma: " Un flujo recíproco de información y puntos de vista entre los pastores y los fieles, una libertad de expresión que tenga en cuenta el bien de la comunidad y el papel del Magisterio al promoverla, y una opinión pública responsable, son expresiones importantes del 'derecho fundamental al diálogo y a la información en el seno de la Iglesia´ ".31 Internet proporciona un medio tecnológico eficaz para realizar esta perspectiva.

Así pues, aquí tenemos un instrumento que se puede usar creativamente para varios aspectos de administración y gobierno. Además de abrir canales para la expresión de la opinión pública, pensamos en otros elementos, como consultar expertos, preparar encuentros y practicar la colaboración en las Iglesias e institutos religiosos, a nivel local, nacional e internacional, así como entre ellos.

7. La educación y la formación son otras áreas oportunas y necesarias. " Hoy todos necesitan alguna forma de formación permanente acerca de los medios de comunicación social, sea mediante el estudio personal, sea mediante la participación en un programa organizado, sea con ambos. La educación para el uso de los medios de comunicación social, más que enseñar algo acerca de las técnicas, ayuda a la gente a formarse criterios de buen gusto y juicios morales verdaderos; se trata de un aspecto de la formación de la conciencia. A través de sus escuelas y de sus programas de formación, la Iglesia debería proporcionar este tipo de educación para el uso de los medios de comunicación social ".32

La educación y la formación relativas a Internet pueden integrar programas globales de educación en los medios de comunicación accesibles a los miembros de la Iglesia. En la medida de lo posible la planificación pastoral de los medios de comunicación debería prever esta formación para los seminaristas, los sacerdotes, los religiosos y el personal pastoral laico como maestros, padres y estudiantes.33

Los jóvenes, en particular, necesitan que se les enseñe " no sólo a ser buenos cristianos cuando son receptores, sino también cuando son activos al usar todas las ayudas para la comunicación que ofrecen los medios de comunicación. (...) Así, los jóvenes se convertirán en auténticos ciudadanos de la era de las comunicaciones sociales que parece iniciarse en este tiempo ",34 era en que se considera a los medios de comunicación como " parte integrante de una cultura aún inacabada cuyas plenas implicaciones todavía no se entienden perfectamente ".35 Así, la enseñanza sobre Internet y las nuevas tecnologías implica mucho más que meras enseñanzas técnicas; los jóvenes necesitan aprender cómo funcionar bien en el mundo del ciberespacio, cómo hacer juicios maduros, según sólidos criterios morales, sobre lo que encuentran en él, y cómo usar la nueva tecnología para su desarrollo integral y en beneficio de los demás.

8. Internet también plantea algunos problemas especiales a la Iglesia, además de los de índole general discutidos en el documento adjunto a este.36 A la vez que se destaca lo que es positivo en relación con Internet, es importante aclarar lo que no lo es.

En un nivel muy profundo, " a veces el mundo de los medios de comunicación puede parecer indiferente e incluso hostil a la fe y a la moral cristiana. En parte esto se debe a que la cultura de los medios de comunicación se ha ido impregnando progresivamente de una mentalidad típicamente posmoderna, según la cual la única verdad absoluta es que no existen verdades absolutas o, en caso de que existieran, serían inaccesibles a la razón humana y, por tanto, irrelevantes ".37

Entre los problemas específicos creados por Internet figura la presencia de sitios llenos de odio dedicados a difamar y atacar a los grupos religiosos y étnicos. Algunos de ellos toman como blanco a la Iglesia católica. Como la pornografía y la violencia en los medios de comunicación, estos sitios de Internet " evidencian la componente más turbia de la naturaleza humana, dañada por el pecado ".38 Y aunque el respeto a la libertad de expresión exige a veces tolerar hasta cierto punto incluso las voces de lo negativo, la aplicación de la autorregulación y, cuando sea necesario, la intervención de la autoridad pública, deberían establecer y hacer respetar algunos límites razonables acerca de lo que se puede decir.

La proliferación de sitios web que se autodefinen católicos plantea un problema de tipo diferente. Como hemos dicho, los grupos vinculados a la Iglesia deberían estar creativamente presentes en Internet; y las personas bien motivadas e informadas, así como los grupos no oficiales que actúan por su propia iniciativa, también tienen derecho a estar en él. Pero origina confusión, por lo menos, no distinguir interpretaciones doctrinales desviadas, prácticas arbitrarias de devoción y posturas ideológicas que se autocalifican de " católicas ", de las posiciones auténticas de la Iglesia. Sugerimos un enfoque de esta cuestión más adelante.

9. Algunas otras cuestiones requieren mucha reflexión. Con respecto a ellas, instamos a proseguir la investigación y el estudio continuos, incluyendo " la elaboración de una antropología y una verdadera teología de la comunicación ",39 con referencia específica a Internet. Desde luego, además del estudio y la investigación, se puede y se debe proponer una programación pastoral positiva para el uso de Internet.40

Un área de investigación podría responder a la sugerencia según la cual la amplia gama de opciones relativas a los productos y servicios destinados al consumidor disponibles en Internet tiene un efecto indirecto por lo que atañe a la religión, y favorece un enfoque de " consumidor " sobre cuestiones de fe. Los datos sugieren que algunos visitantes de los sitios web religiosos pueden hacer compras, seleccionar y escoger elementos de paquetes religiosos a medida del usuario para adaptarlos a sus gustos personales. La " tendencia, por parte de algunos católicos, de matizar el grado de adhesión " 41 a la enseñanza de la Iglesia es un problema conocido en otros contextos; se necesita más información para saber si, y hasta qué punto, Internet agrava este problema.

De modo análogo, como observamos antes, la realidad virtual del ciberespacio tiene algunas implicaciones preocupantes tanto para la religión como para otras áreas de la vida. La realidad virtual no sustituye la presencia real de Cristo en la Eucaristía, ni la realidad sacramental de los otros sacramentos, ni tampoco el culto compartido en una comunidad humana de carne y hueso. No existen los sacramentos en Internet; e incluso las experiencias religiosas posibles ahí por la gracia de Dios son insuficientes si están separadas de la interacción del mundo real con otras personas de fe. Este es otro aspecto de Internet que requiere estudio y reflexión. Al mismo tiempo, la programación pastoral debería considerar cómo llevar a las personas desde el ciberespacio hasta una auténtica comunidad y cómo podría luego usarse Internet, mediante la enseñanza y la catequesis, para apoyarlos y enriquecerlos en su compromiso cristiano.

III. RECOMENDACIONES Y CONCLUSIÓN

10. Los creyentes, presentes también en Internet con sus legitimas inquietudes, desean una presencia activa de cara al futuro de este nuevo medio. Por supuesto que esto conlleva una adaptación de la mentalidad a las características y estilo del mismo.

Es importante, además, que la gente en todos los sectores de la Iglesia use Internet de modo creativo para asumir sus responsabilidades y realizar la obra de la Iglesia. No es aceptable quedarse atrás tímidamente por miedo a la tecnología o por cualquier otra razón, considerando las numerosas posibilidades positivas que ofrece Internet. " Métodos para facilitar la comunicación y el diálogo entre sus propios miembros pueden fortalecer los vínculos de unidad entre los mismos. El acceso inmediato a la información le da a la Iglesia la posibilidad de ahondar en su diálogo con el mundo contemporáneo. (...) La Iglesia tiene más facilidades para informar al mundo acerca de sus creencias y explicar los motivos de su actitud sobre cualquier problema o acontecimiento concretos. También puede escuchar con más claridad la voz de la opinión pública y estar en el centro de un debate continuo con el mundo, comprometiéndose así más a fondo en la búsqueda común por resolver los problemas más urgentes de la humanidad ".42

11. Por tanto, al concluir estas reflexiones, ofrecemos palabras de aliento a algunos grupos en particular: a los dirigentes de la Iglesia, a los agentes pastorales, a los educadores, a los padres y, de modo especial, a los jóvenes.

A los dirigentes de la Iglesia. Los responsables de los diversos ámbito de la Iglesia necesitan conocer las características de los medios de cominicación social de cara a un uso adecuado de los mismos en la elaboración de planes pastorales en general y referentes al sector mismo de la comunicación.43 En muchos se hace necesaria una formación específica para ello; de hecho, " sería un gran bien para la Iglesia que un mayor número de personas que tienen cargos y cumplen funciones en su nombre se formaran en el uso de los medios de comunicación social ".44

Esto se aplica tanto a Internet como a los medios de comunicación tradicionales. Los dirigentes de la Iglesia están obligados a usar " las potencialidades de esta 'edad informática´, con el fin de servir a la vocación humana y trascendente de cada ser humano, y así glorificar al Padre, de quien viene todo bien ".45 Pueden emplear esta notable tecnología en muchos y diferentes aspectos de la misión de la Iglesia, al mismo tiempo que aprovechan también las oportunidades que ofrecen para la cooperación ecuménica e interreligiosa.

Como hemos visto, un aspecto especial de Internet concierne a la proliferación, a veces confusa, de sitios web no oficiales que se definen " católicos ". Con respecto al material de índole catequética o específicamente doctrinal, podría ser útil un sistema de certificación voluntaria a nivel local y nacional bajo la supervisión de representantes del Magisterio. No se trata de censura, sino de ofrecer a los usuarios de Internet una guía segura sobre lo que expresa la posición auténtica de la Iglesia.

A los agentes pastorales. Sacerdotes, diáconos, religiosos y agentes pastorales laicos deberían procurar formarse en los medios de comunicación para saber hacen buen uso de las posibilidades de las comunicaciones sociales sobre las personas y la sociedad, de modo que les ayude a adquirir un estilo de comunicación que hable a las sensibilidades y a los intereses de la gente que vive inmersa en una cultura mediática. Hoy esto les exige claramente el aprendizaje de Internet, incluyendo cómo usarlo en su trabajo. También pueden beneficiarse de los sitios web que posibilitan una actualización teológica y pastoral.

Con respecto al personal de la Iglesia implicado directamente en los medios de comunicación, no es necesario decir que debe contar con formación profesional. Pero también precisa formación doctrinal y espiritual, puesto que " para testimoniar a Cristo es necesario encontrarse personalmente con él y cultivar esa relación a través de la oración, la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación, leyendo y meditando la palabra de Dios, estudiando la doctrina cristiana y sirviendo a los demás ".46

A los educadores y a los catequistas. La instrucción pastoral Communio et progressio habla de la " obligación urgente " que tienen las escuelas católicas de formar a comunicadores y receptores de las comunicaciones sociales en los principios cristianos pertinentes.47 Este mismo mensaje ha sido repetido muchas veces. En la era de Internet, con su enorme alcance e impacto, esta necesidad es más urgente que nunca.

Las universidades, los colegios y las escuelas católicos, así como los programas educativos en todos los niveles, deberían ofrecer cursos para varios grupos -" seminaristas, sacerdotes, religiosos y religiosas o animadores laicos; (...) profesores, padres y estudiantes ",48- así como una formación más esmerada en cuestiones de tecnología, administración, ética y política de las comunicaciones destinada a las personas que se preparan para trabajar profesionalmente en los medios de comunicación o para desempeñar funciones directivas, incluyendo a quienes trabajan para la Iglesia en las comunicaciones sociales. Además, confiamos los problemas y las cuestiones antes mencionados a la atención de alumnos e investigadores de las disciplinas pertinentes en las instituciones católicas de estudios superiores.

A los padres. Por el bien de sus hijos, así como por el suyo propio, los padres deben " aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación social ".49 En lo que a Internet se refiere, a menudo los niños y los jóvenes están más familiarizados con él que sus padres, pero éstos tienen la grave obligación de guiar y supervisar a sus hijos en su uso.50 Si esto implica aprender más sobre Internet de lo que han aprendido hasta ahora, será algo muy positivo.

La supervisión de los padres debería incluir el uso de un filtro tecnológico en los ordenadores accesibles a los niños, cuando sea económica y técnicamente factible, para protegerlos lo más posible de la pornografía, de los depredadores sexuales y de otras amenazas. No debería permitírseles la exposición sin supervisión a Internet. Los padres y los hijos deberían discutir juntos lo que se ve y experimenta en el ciberespacio. También es útil compartir con otras familias que tienen los mismos valores y preocupaciones. Aquí, el deber fundamental de los padres consiste en ayudar a sus hijos a llegar a ser usuarios juiciosos y responsables de Internet, y no adictos a ella, que se alejan del contacto con sus coetáneos y con la naturaleza.

A los niños y a los jóvenes. Internet es una puerta abierta a un mundo atractivo y fascinante, con una fuerte influencia formativa; pero no todo lo que está al otro lado de la puerta es saludable, sano y verdadero. " Los niños y los jóvenes deberían ser introducidos en la formación respecto a los medios de comunicación, evitando el camino fácil de la pasividad carente de espíritu crítico, la presión de sus coetáneos y la explotación comercial ".51 Los jóvenes tienen consigo mismos, con sus padres, familias y amigos, con sus pastores y maestros y, por último, con Dios, el deber de usar Internet correctamente.

Internet pone al alcance de los jóvenes en una edad inusualmente temprana una inmensa capacidad de hacer el bien o el mal, a sí mismos y a los demás. Puede enriquecer su vida más allá de los sueños de las generaciones anteriores, y capacitarlos para que, a su vez, enriquezcan la vida de los demás. También puede arrastrarlos al consumismo, a la pornografía, a fantasías violentas y a un aislamiento patológico.

Los jóvenes, como se ha dicho repetidamente, son el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Un uso correcto de Internet puede ayudar a prepararlos para sus responsabilidades en ambas. Pero esto no sucederá automáticamente. Internet no es sólo un medio de entretenimiento y gratificación del usuario. Es un instrumento para realizar un trabajo útil, y los jóvenes deben aprender a verlo y usarlo así. En el ciberespacio, al menos como en cualquier otro lugar, pueden estar llamados a ir contra corriente, ejercer la contracultura e, incluso, sufrir persecución por estar a favor de lo verdadero y bueno.

12. A todas las personas de buena voluntad. Por último, queremos sugerir algunas virtudes que debe cultivar todo el que quiera hacer buen uso de Internet; su práctica se ha de basar y guiar por una valoración realista de sus contenidos.

Se necesita prudencia para ver claramente las implicaciones -el potencial para el bien y para el mal- de este nuevo medio y responder creativamente a sus desafíos y oportunidades.

Se necesita justicia, especialmente justicia en el trabajo de cerrar la brecha digital, la separación entre ricos y pobres en información en el mundo actual.52 Esto requiere un compromiso en favor del bien común internacional, así como la " globalización de la solidaridad ".53

Se necesita fortaleza y valentía. Esto implica defender la verdad frente al relativismo religioso y moral, el altruismo y la generosidad frente al consumismo individualista, y la decencia frente a la sensualidad y el pecado.

Se necesita 0templanza, autodisciplina ante este formidable instrumento tecnológico que es Internet, para usarlo con sabiduría y exclusivamente para el bien.

Al reflexionar sobre Internet, como sobre todos los otros medios de comunicación social, recordamos que Cristo es " el perfecto comunicador ",54 la norma y el modelo de la Iglesia del enfoque sobre la comunicación, así como del contenido que debe comunicar. " Ojalá que los católicos comprometidos en el mundo de las comunicaciones sociales prediquen desde las azoteas la verdad de Jesús con mucho más valor y alegría, de forma que todos los hombres y mujeres puedan oír hablar del amor que es el centro de la autocomunicación de Dios en Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre ".55

Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 2002, Fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol.

+ John P. Foley

Presidente

+ Pierfranco Pastore

Secretario

(1) Juan Pablo II, Carta encíclica Laborem exercens, n. 25; cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, n. 34.

(2) Concilio Vaticano II, Decreto sobre los medios de Comunicación Social Inter mirifica, n. 1.

(3) Véanse, por ejemplo, Inter mirifica; los mensajes de los Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II con ocasión de las Jornadas mundiales de las comunicaciones sociales; Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral Communio et progressio, Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una Respuesta Pastoral; instrucción pastoral Aetatis novae; Ética en la Publicidad, Ética en las Comunicaciones.

(4) Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una Respuesta Pastoral, n. 30.

(5) Communio et progressio, n. 2.

(6) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 4 de junio de 2000.

(7) Communio et progressio, n. 10.

(8) Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual Gaudium et spes, n. 39.

(9) Inter mirifica, n. 2.

(10) Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, Etica en Internet.

(11) Aetatis novae, n. 8.

(12) Ib.

(13) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 3.

(14) Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum, n. 10.

(15) Cf. Aetatis novae, n. 10.

(16) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26.

(17) Communio et progressio, n. 128.

(18) Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 45.

(19) Encíclica Redemptoris missio, n. 37.

(20) Aetatis novae, 2.

(21) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 27 de mayo de 2001, n. 3.

(22) Aetatis novae, n. 9.

(23) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 11.

(24) Cf. Communio et progressio, n. 15.

(25) Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 37.

(26) Communio et progressio, n. 116.

(27) Ib., n. 117.

(28) Cf. canon 212, § 2 y 3.

(29) Cf. Aetatis novae, n. 10; Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26.

(30) Aetatis novae, n. 10.

(31) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26.

(32) Ib., n. 25.

(33) Cf. Aetatis novae, n. 28.

(34) Communio et progressio, n. 107.

(35) Juan Pablo II, Mensaje para la XXIV Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 1990.

(36) Cf. Ética en Internet.

(37) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, n. 3.

(38) Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales: una Respuesta Pastoral, n. 6.

(39) Aetatis novae, n. 8.

(40) Cf. Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte, n. 39.

(41) Cf. Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Estados Unidos, n. 5, Los Ángeles, 16 de septiembre de 1987.

(42) Juan Pablo II, Mensaje para la XXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 1990.

(43) Cf. Aetatis novae, nn. 23-33.

(44) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 26.

(45) Juan Pablo II, Mensaje para la XXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

(46) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

(47) Cf. Communio et progressio, n. 107.

(48) Aetatis novae, n. 28.

(49) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 25.

(50) Cf. Juan Pablo II, exhortación apostólica postsinodal Familiaris consortio, n. 76.

(51) Ética en las Comunicaciones Sociales, n. 25.

(52) Cf. Solidaridad en el Ciberespacio: Reflexiones sobre Etica e Internet, nn. 10 y 17.

(53) Juan Pablo II, Discurso al Secretario General y al Comité Administrativo de Coordinación de la ONU, n. 2, 7 de abril de 2000.

(54) Communio et progressio, n. 11.

(55) Juan Pablo II, Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, n. 4.

Cantar de los Cantares 6,9-10

Mas una es la paloma mía, la perfecta mía;
Es la única de su madre,
La escogida de la que la dio a luz.
La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada;
Las reinas y las concubinas, y la alabaron.
¿Quién es ésta que se muestra como el alba,
Hermosa como la luna,
Esclarecida como el sol,
Imponente como ejércitos en orden?

María, la escogida por Dios entre las hijas de Israel. Es icono perfecto de la Iglesia. A ella se une el Espíritu Santo (Lc 1,35) para que conciba al Hijo de Dios, quien es llamado el Sol de Justicia (Mal 4,2). La blanca paloma, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente Reina (Madre del Rey), y perfecta. No perfecta por sí misma sino por la gracia de Dios en ella. Por eso el ángel la saluda llamándola Kejaritomene que significa llena de gracia o agraciada. Cristo quiso como madre al alma más bella y perfecta de cuantas han salido del poder creador de Dios. En definitiva, María es todo lo que los cristianos llegaremos a ser en cuanto a pureza, hermosura y realeza. Si nosotros somos participantes de la naturaleza divina (2ª P 1,4), ¿qué no diremos de quien se unió de tal forma al Espíritu Santo que el Santo de Israel tomó de ella su humanidad para encarnarse entre nosotros?. Por eso dice Cantares "La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada; las reinas y las concubinas, y la alabaron." ¿Cuándo se cumple eso?:
Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.
Elisabet bendice a la Madre al igual que al Hijo. Observad. Y es al oir a María cuando la criatura en el seno de ella, Juan el Bautista, salta. Por la voz de la Madre reconoce a Cristo.
Hija del Padre, Madre del Hijo, cubierta por el Espíritu Santo, quien, ¿por casualidad?, aparece a los hombres como una paloma en el bautizo de Cristo. Figura perfecta de la Iglesia de la cual es madre a la vez que forma parte como otra hermana (seréis mi madre y mis hermanos como dijo Cristo), Iglesia que es la Novia del Cordero.
Haced como María quien "guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón." (Lucas 2,19). Todo esto, bien ponderado, sólo sirve para dar más gloria a Dios por lo que Él hizo en María y lo que hace en nosotros.

María, Hija de Dios, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros

Siempre se ha hablado de las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo, islamismo.
Pero quizás ahora el tema se ha hecho más actual. Cuando menos desde el punto de vista de que, precisamente porque el monoteísmo cristiano, que debemos afirmar con todas las fuerzas, es el del Dios trino, no se puede identificar sin más con el del judaísmo o el islam. La unidad última de Dios, la más grande que podamos pensar, es en sí misma plural. Tenemos que ser bien conscientes de la gran originalidad de la visión cristiana de Dios. Hablemos de ello hoy, fiesta de la Santísima Trinidad. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: la Trinidad consubstancial. Las personas divinas son realmente distintas entre sí.
"Dios es único, pero no solitario". Padre, Hijo, Espíritu Santo no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí, por sus relaciones de origen: "El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado y el Espíritu Santo es quien procede". La unidad divina es trina (Catecismo de la Iglesia Católica, 254).
Persona del Padre. Sigue la creación. El milagro más grande para cada uno de nosotros es pasar de la nada a la existencia. El Padre se ha servido de nuestros padres. Tenemos la figura del Padre y de la madre como expresión del origen de nuestra vida, de la manifestación inicial del amor. Nos han amado antes que nadie, nos han dado la vida, han tenido cuidado de ella. Nos recuerdan al buen Padre Dios.
Hoy recordamos agradecidamente la exclamación del profeta: "¡Señor, amigo de la vida!" "Los ojos del Señor velan a aquellos que esperan en el amor que les tiene. Que tu amor, Señor, no nos deje nunca; esta es la esperanza que ponemos en ti". Nos ha creado para que lo pudiésemos amar.
Ello tiene mucho que ver con la encarnación del Verbo. Persona del Verbo. Su encarnación es la mayor prueba que tenemos los hombres de que Dios nos ama. ¿Cómo ha de ser nuestra respuesta a su amor? Tenemos la respuesta en el Verbo encarnado, Jesucristo. ¿Cómo recibir el amor? Agradecida y alegremente. ¿Cómo responder al amor? Con una vida de acuerdo con la voluntad del Padre, cosa que coincide con nuestra felicidad: "Cumple sus decretos para que seas feliz tú y tus descendientes".
Cumplimiento de su voluntad que supone el no olvido de quienes tienen la misma condición de hijos; nos movemos entre hermanos.
Creación, gracia y salvación son los puntos clave en que consiste nuestra historia de amor.
Persona del Espíritu Santo. ¿De dónde nos viene la fuerza para comportarnos como Jesús?
Del Espíritu mismo de Dios unido personalmente a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Este es el mejor testimonio para evangelizar nuestra sociedad y hacer deseable la fe.
Y sentirnos responsables de ello, porque, sin el amor de las primeras comunidades a Dios y sin su interés para darlo a conocer, sabríamos muy pocas cosa de Jesucristo. O lo ignoraríamos.

† Ricard M. Cardenal Carles
Arzobispo

Carta Dominical
3 junio 2001

Domingo de Pentecostés
El ojo penetrante de la gracia

Recuerdo hoy, día de Pentecostés, del Espíritu Santo, que, siendo todavía un adolescente, un día le comenté a mi director espiritual -a propósito de las palabras de Jesús: "Si alguno me ama, mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él"- que comprendía la presencia del Padre y del Hijo en nosotros, pero que el Espíritu Santo no estaba. Mi director me dijo: "El Espíritu Santo está en tu enamoramiento de Dios; está en tu capacidad de pensar en Dios. La misma posibilidad de que ahora tú me estés hablando de Dios, eso es Espíritu Santo. No lo ves, pero el Espíritu Santo es el que actúa en tu interior".
Ciertamente nuestra relación con el Espíritu es diferente, desde nuestra inteligencia y desde nuestra percepción, de la relación con las otras dos personas de la Trinidad. Y ello por una razón que parece bastante clara: porque el Padre ha sido el término de una relación objetiva desde el Antiguo Testamento. Los hombres de Dios han hablado de él, de Yahvé, de Dios Padre, y le han hablado a Él. En el Nuevo Testamento, Jesucristo ha sido también y lo sigue siendo, el término de una relación objetiva. El Espíritu Santo, en cambio, normalmente no ha sido el término de una relación objetiva. Porque no quiere tanto que lo veamos, cuanto ser en nosotros el ojo penetrante de la gracia.
A veces comparo el Espíritu con nuestros ojos. Desde buena mañana hasta la noche lo vemos todo con nuestros ojos: la habitación, los libros, el sagrario, las personas... Todo lo vemos menos los mismos ojos. Si no hubiera espejos o superficies brillantes donde se reflejan, acabaríamos el día y aún moriríamos sin haber visto nuestros ojos. Algo semejante, aunque a infinita distancia, es el Espíritu Santo: no quiere tanto que lo veamos cuanto ayudarnos a ver desde Dios, como Dios, toda la realidad. Por eso puede decirse que es el ojo penetrante de la gracia.
Donde hay Espíritu hay transformación del sujeto, hay santificación. Recuerdo aquella expresión del teólogo Von Balthasar que dice que la gracia que nos otorga el Espíritu Santo "está tallada a la medida de cada persona". No se trata de un influjo etéreo o indefinido, no. Es una gracia tallada según la personalidad de cada uno.
El Espíritu conforma y urge cada persona para cumplir la misión que el Padre había previsto. Y el mismo cristianismo sólo es verdad completa si llega a la subjetividad, historicidad y personalización individuales. El Espíritu tiene una misión innovadora acompasada a la libertad de cada hombre, al tiempo en que vive y a la misión que Dios otorga a cada uno.
De todo cuanto antecede se deduce que lo que más hemos de cuidar en el hondón de nuestra alma es la intimidad nuestra con Dios de corazón a corazón. Y esta intimidad viene de ver a Cristo en los otros, viene con la presencia de Dios de muchas otras maneras, según las diversas psicologías y ritmos de vida. Pero siempre desde esta intimidad en el hondón del alma. Y muy confiadamente y muy claramente hemos de comprender que eso no es fruto de un esfuerzo nuestro, no es fruto de nuestro voluntarismo, sino que el enamoramiento que tenemos de Dios es reflejo de la eternidad en nuestra vida, gracias precisamente al Espíritu Santo. Agradecemos que la iniciativa de esta gracia, la continuidad y el crecimiento estén en las manos del Señor.

† Ricard M. Cardenal Carles
Arzobispo

Joaquín Borderías Banzo
Presbítero

Con las palabras: "ABRID LAS PUERTAS AL ESPÍRITU" se abre una nueva época para la Iglesia, epoca suscitada por una profunda renovación de la Iglesia, de sus estructuras y métodos para llevar el Mensaje de Dios a la humanidad, y acercar la humanidad a Dios.
Desde la clausura del Concilio Vaticano II, y durante algunos años anteriores, van surgiendo como lenguas de fuego por toda la cristiandad nuevas experiencias, "corrientes de gracia", que van a ir creciendo y vivificando el Cuerpo de Cristo.
En estos últimos años, este fenómeno asociativo laical se ha caracterizado por una particular variedad y vivacidad.
Nuevas experiencias que van a ir cuajando en realidades llamadas: "LOS NUEVOS MOVIMIENTOS"

Después de más de 25 años de estos hechos y al comienzo del nuevo milenio se abre para la Iglesia una nueva etapa de su camino, por boca de su Santidad Juan Pablo II resuenan en nuestro corazón las palabras con las que un día Jesús, después de haber hablado a la muchedumbre desde la barca de Simón, invitó al Apóstol a "remar mar adentro" para pescar: "Duc in altum" (Lc 5,4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo y echaron las redes. "Y habiéndolo hecho, recogieron una cantidad enorme de peces" (Lc 5,6)

Con esta invitación tenemos que mirar hacia adelante, confiando en la palabra de Cristo: las experiencias vividas deben suscitar en nosotros un dinamismo nuevo, empujándonos a emplear el entusiasmo experimentado en iniciativas concretas. Jesús mismo nos lo advierte: " Quien pone su mano en el arado y vuelve su vista atrás, no sirve para el Reino de Dios " (Lc 9,62).

El Espíritu Santo no sólo confía diversos ministerios a la Iglesia, sino que también la enriquece con otros dones e impulsos particulares, llamados carismas. Estos pueden asumir las más diversas formas, sea en cuanto expresiones de la absoluta libertad del Espíritu que los dona, sea como respuesta a las múltiples exigencias de la historia de la Iglesia; por eso me atrevo a decir que la realidad de las Comunidades nacidas al amparo de la "Corriente Gracia" llamada Renovación Carismática Católica son dones que el Espíritu va suscitando para enriquecer a la Iglesia de Dios

Estas comunidades sean grandes o pequeñas, son siempre gracias del Espíritu Santo que tienen, directa o indirectamente, una utilidad eclesial, ya que están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.

El Concilio Vaticano II escribe: "Para el ejercicio de este apostolado, el Espíritu Santo, que obra la santificación del Pueblo de Dios por medio del ministerio y de los sacramentos, otorga también a los fieles dones particulares (cf. 1 Co 12, 7), "distribuyendo a cada uno según quiere" (cf. 1 Co 12, 11), para que "poniendo cada uno la gracia recibida al servicio de los demás", contribuyan también ellos "como buenos dispensadores de la multiforme gracia recibida de Dios" (1 P 4, 10), a la edificación de todo el cuerpo en la caridad (cf. Ef 4,16)".

Los grupos de la RCC y sus comunidades no nace a partir de una especie de fragmentación de la RCC, ni la IRCC se constituye con la simple agregación de las grupos y Comuidades; sino que hay un vínculo vivo, esencial y constante que las une entre si, que las hace necesitarse, cuidarse y amarse en Cristo Jesús, como espresión de la presencia viva del Espíritu en la Iglesia y su tarea en el mundo.

Ciertamente es inmensa la tarea que ha de realizar la Iglesia en nuestros días; y para llevarla a cabo no basta la parroquia sola. Por ésto, el Código de Derecho Canónico prevé formas de colaboración entre parroquias en el ámbito del territorio y recomienda al Obispo el cuidado pastoral de todas las categorías de fieles, también de aquéllas a las que no llega la cura pastoral ordinaria. En efecto, son necesarios muchos lugares y formas de presencia y de acción, para poder llevar la palabra y la gracia del Evangelio a las múltiples y variadas condiciones de vida de los hombres de hoy.

Los Padres sinodales han considerado atentamente la situación actual de muchas parroquias, solicitando una decidida renovación de las mismas: un punto importante a tener en cuenta son las pequeñas comunidades eclesiales de base, también llamadas comunidades vivas, donde los fieles pueden comunicarse mutuamente la Palabra de Dios y manifestarse en el recíproco servicio y en el amor; estas comunidades son verdaderas expresiones de la comunión eclesial y centros de evangelización, en comunión con sus Pastores"

Estas comunidades a pesar de tener grandes diferencias en su configuración externa tienen una profunda convergencia en la finalidad que las anima a participar responsablemente en la misión que tiene la Iglesia de llevar a todos el Evangelio de Cristo como manantial de esperanza para el hombre y de renovación para la sociedad.

Más allá de estos motivos, la razón profunda que justifica y exige la asociación de los fieles laicos como en Civitas Dei, es de orden teológico, es una razón eclesiológica, en total comunión con el Concilio Vaticano II, que ve en el apostolado asociado un "signo de la comunión y de la unidad de la Iglesia en Cristo".

Ante todo debe reconocerse la libertad de asociación de los fieles laicos en la Iglesia. Tal libertad es un verdadero y propio derecho que no proviene de una especie de "concesión" de la autoridad sino que deriva del Bautismo, en cuanto sacramento que llama a todos los fieles laicos a participar activamente en la comunión y misión de la Iglesia. El Concilio es del todo claro a este respecto: "Guardada la debida relación con la autoridad eclesiástica, los laicos tienen el derecho de fundar y dirigir asociaciones y de inscribirse en aquellas fundadas"
Por eso no depende del gusto del cura de turno, ni siquiera del obispo, el derecho nos lo da el ser bautizados

Criterios de eclesialidad para las asociaciones laicales

La necesidad de unos criterios claros y precisos de discernimiento y reconocimiento de las asociaciones laicales, también llamados "criterios de eclesialidad", es algo que se comprende siempre en la perspectiva de la comunión y misión de la Iglesia, y no, por tanto, en contraste con la libertad de asociación.

1º- El primado que se da a la vocación de cada cristiano a la santidad, y que se manifiesta "en los frutos de gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles"(109) como crecimiento hacia la plenitud de la vida cristiana y a la perfección en la caridad.(110)

2º- La responsabilidad de confesar la fe católica, acogiendo y proclamando la verdad sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre el hombre, en la obediencia al Magisterio de la Iglesia, que la interpreta auténticamente. Por esta razón, cada Comunidad de Civitas Dei debe ser un lugar en el que se anuncia y se propone la fe, y en el que se educa para practicarla en todo su contenido.

3º- El testimonio de una comunión firme y convencida en filial relación con el Papa, centro perpetuo y visible de unidad en la Iglesia universal, y con el Obispo "principio y fundamento visible de unidad" en la Iglesia particular, y en la "mutua estima entre todas las formas de apostolado en la Iglesia".

La comunión con el Papa y con el Obispo está llamada a expresarse en la leal disponibilidad para acoger sus enseñanzas doctrinales y sus orientaciones pastorales.

4º- La conformidad y la participación en el "fin apostólico de la Iglesia", que es "la evangelización y santificación de los hombres y la formación cristiana de su conciencia, de modo que consigan impregnar con el espíritu evangélico las diversas comunidades y ambientes".

Desde este punto de vista, Civitas Dei, pone todo su empeño en un decidido ímpetu misionero que le lleve a ser, cada vez más, sujetos de una nueva evangelización.

5º-El comprometerse en una presencia en la sociedad humana, que, a la luz de la doctrina social de la Iglesia, se ponga al servicio de la dignidad integral del hombre.

Los criterios fundamentales que han sido enumerados, se comprueban en los frutos concretos que acompañan la vida y las obras de las diversas comunidades; como son el renovado gusto por la oración, la contemplación, la vida litúrgica y sacramental; el estímulo para que florezcan vocaciones al matrimonio cristiano, al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada; la disponibilidad a participar en los programas y actividades de la Iglesia sea a nivel local, sea a nivel nacional o internacional; el empeño catequético y la capacidad pedagógica para formar a los cristianos; el impulsar a una presencia cristiana en los diversos ambientes de la vida social, y el crear y animar obras caritativas, culturales y espirituales; el espíritu de desprendimiento y de pobreza evangélica que lleva a desarrollar una generosa caridad para con todos; la conversión a la vida cristiana y el retorno a la comunión de los bautizados "alejados".

CONCLUYENDO
Sin embargo, es importante que lo que nos propongamos, con la ayuda de Dios, esté fundado en la contemplación y en la oración. El nuestro es un tiempo de continuo movimiento, que a menudo desemboca en el activismo, con el riesgo fácil del " hacer por hacer ". Tenemos que resistir a esta tentación, buscando " ser " antes que " hacer ". Recordemos a este respecto el reproche de Jesús a Marta: " Tú te afanas y te preocupas por muchas cosas y sin embargo sólo una es necesaria " (Lc 10,41-42). Con este espíritu, antes de someter a vuestra consideración unas líneas de acción, deseo haceros partícipes de algunos puntos de meditación sobre el misterio de Cristo, fundamento absoluto de toda nuestra acción pastoral.

CAMINAR DESDE CRISTO

No nos satisface ciertamente la ingenua convicción de que haya una fórmula mágica para los grandes desafíos de nuestro tiempo. No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros!
No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste.
En las COMUNIDADES es donde se pueden establecer aquellas indicaciones programáticas concretas -objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios- que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura.

OBJETIVOS DE LAS COMUNIDADES

La santidad
En primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad.

La oración
Para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración. Sabemos bien que rezar tampoco es algo que pueda darse por supuesto. Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discípulos: " Señor, enséñanos a orar " (Lc 11,1) Civitas Dei debe ser ESCUELA DE ORACIÓN alla donde se encuentre, instrumento en manos del Maestro.
Realizada en nosotros por el Espíritu Santo, nos abre, por Cristo y en Cristo, a la contemplación del rostro del Padre. Aprender esta lógica trinitaria de la oración cristiana, viviéndola plenamente ante todo en la liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial, pero también de la experiencia personal, se detecte una difusa exigencia de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una renovada necesidad de orar

La Eucaristía dominical
El mayor empeño se ha de poner, pues, en la liturgia, " cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza ". Es preciso insistir en este sentido, dando un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana.

El sacramento de la Reconciliación y corrección fraterna Civitas Dei debe ser lugar de amar en familia y como tal no puede perder la presepecrtiva de la Corrección Fraterna, en todas sus formas, ni debe olvidar el encuentro personal del hijo pródigo con el Padre desde el Sacramento de la Reconciliación, primer paso para una corrección fraterna fructífera.

Escucha de la Palabra
No cabe duda de que la primacía de la santidad y de la oración sólo se puede concebir a partir de una renovada escucha de la palabra de Dios.
Hace falta, queridos hermanos y hermanas, consolidar y profundizar esta orientación, incluso a través de la difusión de la Biblia en las familias.

Anuncio de la Palabra
Las Comunidades de Civitas Dei han de caracterizarse por ser " servidores de la Palabra" en el compromiso de la evangelización, es indudablemente una prioridad para la Iglesia al comienzo del nuevo milenio.
La " llamada " a la nueva evangelización, sobre todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: " ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! " (1 Co 9,16).
Nos hemos de dirigir sin esconder nunca las exigencias más radicales del mensaje evangélico, atendiendo a las exigencias de cada uno, por lo que se refiere a la sensibilidad y al lenguaje, según el ejemplo de Pablo cuando decía: " Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos " (1 Co 9,22).

La Comunión
Otro aspecto importante en que será necesario poner un decidido empeño es el de la comunión (koinonía), que encarna y manifiesta la esencia misma del misterio de la Iglesia. La comunión es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da (cf. Rm 5,5), para hacer de todos nosotros " un solo corazón y una sola alma " (Hch 4,32).

En resumen:
Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tiene CIVITAS DEI en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo.

 

Joan Alonso Luquero

En los Hechos de los Apóstoles encontramos una descripción de la antigua comunidad cristiana. Este libro del Nuevo Testamento traza la vida de la Iglesia desde la ascensión de Cristo y a través de las primeras épocas. En el capítulo 2 de este libro encontramos que los cristianos “acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones” (Hch 2,42).

Éste es el prototipo de toda comunidad cristiana:
- La comunidad cristiana no puede funcionar si no conoce el mensaje de la Buena Nueva, por eso es necesario reunirse para escuchar la enseñanza de los apóstoles.
- La comunidad cristiana no puede funcionar si no vive el mensaje de la Buena Nueva, por eso es necesario que se reúna para compartir los bienes.
- La comunidad cristiana no puede funcionar si no comparte los bienes redimiendo y liberando con la fuerza de Jesús, por eso es necesario que se reúna para alimentarse del mismo pan consagrado que Jesús nos deja como memorial.
- La comunidad cristiana no puede funcionar si no busca hacer todas las cosas de acuerdo con la voluntad del Padre, por eso es necesario reunirse para revisar, buscar, pedir lo que sea necesario en nombre de Jesús y dar gracias.

Pero cabe recordar que esta comunidad no nace como consecuencia de la simpatía de los apóstoles por Jesús ni de la amistad entre los apóstoles, ni de su decisión de continuar la obra de Jesús. Lo que provoca la constitución de esta comunidad es la respuesta radical a la llamada que reciben de Jesucristo a través de la proclamación Kerigmática de los apóstoles llenos del Espíritu Santo.

Releer este fragmento no ha sido accidental, el padre Joaquín me lo indico en un momento de crisis, de nubarrones..., en que personalmente me encontraba ante la situación de mi diócesis. Esta relectura no me ha aportado, quizás, nada nuevo, pero me ha resituado en lo que es fundamental:
1- La Iglesia y toda comunidad que en ella crece es una familia, familia de Dios (cf. Ef 2,19-22). Esto comporta que tenemos un Padre y una Madre y que tenemos hermanos, y como las familias normales ni lo uno ni lo otro lo hemos elegido, ni el Padre, ni la Madre, ni los hermanos. Si, verdaderamente nos creemos la realidad del Reino, a los hermanos los hemos de amar en su realidad aunque esta realidad nos duela, nos desoriente...
2- La Buena Nueva que nosotros hemos de hacer presente en este mundo, no es una invención humana (cf. Ga 1,11-16), es el querer de Dios. Entonces pensemos que todo lo que hagamos ha de estar en función de este “querer de Dios” y no del querer egoísta del hombre.
3- Un elemento clave es la unidad: un solo Señor, una sola fe (Cf. Ef 4,1-6). Debemos trabajar por mantener esta unidad que debe ser característica de la Iglesia, así lo expresamos en Credo, entendiendo que nuestra singularidad no es más que un don del Espíritu para hacer presente a Cristo. Esto implica la aceptación y respeto de la singularidad de los demás y así evitar exclusiones. Qué podría hacer yo sin el ojo o sin la mano?
4- Este cuerpo tiene como cabeza a Cristo; como condición la dignidad y la libertad de los hijos de Dios; por ley el nuevo mandamiento del amor; y como fin hacer presente en cada momento, en cada situación, el Reino de Dios.

El Espíritu Santo guía a la Iglesia en su misión, la acompaña con signos que dan testimonio del Señor resucitado, y deja constancia de su acción continua, especialmente en la comunión fraterna de las comunidades cristianas (cf. Hech 16, 4-10 y Hech 13,1)