Carta dominical
26 mayo 2002


La Trinidad, ¿es sólo cosa de Dios?


Siempre se ha hablado de las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo, islamismo.
Pero quizás ahora el tema se ha hecho más actual. Cuando menos desde el punto de vista de que, precisamente porque el monoteísmo cristiano, que debemos afirmar con todas las fuerzas, es el del Dios trino, no se puede identificar sin más con el del judaísmo o el islam. La unidad última de Dios, la más grande que podamos pensar, es en sí misma plural. Tenemos que ser bien conscientes de la gran originalidad de la visión cristiana de Dios. Hablemos de ello hoy, fiesta de la Santísima Trinidad. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: la Trinidad consubstancial. Las personas divinas son realmente distintas entre sí.
"Dios es único, pero no solitario". Padre, Hijo, Espíritu Santo no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí, por sus relaciones de origen: "El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado y el Espíritu Santo es quien procede". La unidad divina es trina (Catecismo de la Iglesia Católica, 254).
Persona del Padre. Sigue la creación. El milagro más grande para cada uno de nosotros es pasar de la nada a la existencia. El Padre se ha servido de nuestros padres. Tenemos la figura del Padre y de la madre como expresión del origen de nuestra vida, de la manifestación inicial del amor. Nos han amado antes que nadie, nos han dado la vida, han tenido cuidado de ella. Nos recuerdan al buen Padre Dios.
Hoy recordamos agradecidamente la exclamación del profeta: "¡Señor, amigo de la vida!" "Los ojos del Señor velan a aquellos que esperan en el amor que les tiene. Que tu amor, Señor, no nos deje nunca; esta es la esperanza que ponemos en ti". Nos ha creado para que lo pudiésemos amar.
Ello tiene mucho que ver con la encarnación del Verbo. Persona del Verbo. Su encarnación es la mayor prueba que tenemos los hombres de que Dios nos ama. ¿Cómo ha de ser nuestra respuesta a su amor? Tenemos la respuesta en el Verbo encarnado, Jesucristo. ¿Cómo recibir el amor? Agradecida y alegremente. ¿Cómo responder al amor? Con una vida de acuerdo con la voluntad del Padre, cosa que coincide con nuestra felicidad: "Cumple sus decretos para que seas feliz tú y tus descendientes".
Cumplimiento de su voluntad que supone el no olvido de quienes tienen la misma condición de hijos; nos movemos entre hermanos.
Creación, gracia y salvación son los puntos clave en que consiste nuestra historia de amor.
Persona del Espíritu Santo. ¿De dónde nos viene la fuerza para comportarnos como Jesús?
Del Espíritu mismo de Dios unido personalmente a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Este es el mejor testimonio para evangelizar nuestra sociedad y hacer deseable la fe.
Y sentirnos responsables de ello, porque, sin el amor de las primeras comunidades a Dios y sin su interés para darlo a conocer, sabríamos muy pocas cosa de Jesucristo. O lo ignoraríamos.

† Ricard M. Cardenal Carles
Arzobispo


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